martes, 24 de marzo de 2009

Kepler y las paradojas cotidianas

La sonda Kepler fue lanzada al espacio el pasado día 7 de marzo.(detallado en este post) con la misión de rebuscar en la galaxia, planetas similares al nuestro donde pudiera haber algún tipo de vida. ¿Qué tipo de vida buscamos? ¿Cómo la nuestra? una civilización que corre hacia un precipicio, que no puede erradicar las guerras, en la que se torturan los unos a los otros... ¿Es eso lo que queremos encontrar?

Mientras desperdiciamos en ello miles de millones de dólares, el precio de los frijoles en México, alimento básico de casi 100 millones de personas, sube en apenas 2 meses un 50%. Los bloqueos en Gaza hacen que en plena urgencia de reconstrucción, el saco de cemento pase de costar 5 euros a costar 45. Mientras buscamos vida por la galaxia, Corea del Norte amenaza al mundo con misiles nucleares.

Gastamos miles de millones en un programa espacial que antes de ponerlo en marcha ya es obsoleto, mientras millones de seres humanos mueren de hambre y de sed en la más extrema pobreza. ¿Y se preocupan algunos por la moralidad de los experimentos con células madre?

Tantos esfuerzos desmesurados para explorar el espacio, para averiguar quienes somos, de dónde venimos... tanto interés y tanta ciencia invertida para mirar en la lejanía de los años luz... y no somos capaces de ver lo que tenemos al lado. Queremos desesperadamente ver vida en otro planeta, mientras destruimos la enorme variedad de vida que hay en este. No tiene sentido.

Es un mundo en que se puede matar niños con fósforo blanco impunemente. Un mundo en que la guerra parece ser el único lenguaje que entendemos, para desentendernos de quienes nos rodean. Con una economía aterrada ante la crisis, pesadilla de los ricos y banqueros, que piden limosna a los gobiernos. Un mundo en que vale más una bala que una vida, vale más una cartera que una idea. El enemigo duerme en nuestra cama, vive en nuestras casas y si nos callamos, obedecemos y portamos bien nos dará una tele, un teléfono y una hamburguesa.

El cambio climático deja de ser apocalíptico y se convierte en un compañero más de las desgracias anunciadas del diario.

Y en este mundo de políticos acostumbrados a caminar sobre la alfombra de las economías, economías acostumbradas a pisar la vida de inocentes, todo un país europeo debate con fe sobre la existencia de una sola persona. Si tan solo el gobierno italiano hubiera prestado la mitad de la atención que le puso al "caso Eluana" en el caso de cualquier niño de Darfur, de Gaza... quizá el mundo sería otro. Sería el mundo que quizá esperamos encontrar con la sonda Kepler.

Pero no. Por desgracia un niño, una mujer, una vida palestina (por ejemplo) vale menos que una italiana o francesa. Es cuestión de pasaporte, de nacionalidad, de ubicación geográfica. Las vidas tienen etiquetas, cotizan en la macabra bolsa de la desgracia.

Las fábricas de plástico barato siguen produciendo nuestro presente, en serie, cubriendo el futuro de residuos tóxicos. Contaminación de las mentes y las almas, de las tierras y los mares. Convertidos todos en esclavos de esta máquina absurda que no va a ningún lado.

La delincuencia de seda y cuello blanco, persigue a la delincuencia de la calle, para adosarle las culpas de todo lo que ocurre. Las calles se llenan de gente sin trabajo, sin comida, sin familia, sin cariño, sin ganas, sin futuro...

Los jinetes del Apocalipsis corren en la pista mientras la humanidad entera apuesta todo lo que tiene, al ganador.

Esperemos que la sonda Kepler encuentre algo de vida inteligente en el universo.

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